Responsabilidad del Compliance Officer: ¿Falso escudo de la gerencia?

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En el complejo ecosistema empresarial contemporáneo, el papel de los encargados de cumplimiento se ha vuelto indispensable para garantizar la ética y la transparencia. Sin embargo, existe una inquietud creciente y totalmente justificada en el sector: la desproporcionada responsabilidad del Compliance Officer cuando estalla una crisis institucional. Hoy en día, una facción considerable de la alta gerencia ha caído en la peligrosa ilusión de creer que la simple firma de un contrato y la designación de este cargo los exime automáticamente de sus propias obligaciones legales y morales.

Esta visión distorsionada no solo es éticamente cuestionable, sino que representa un riesgo jurídico colosal para las organizaciones que la practican. Utilizar al departamento de cumplimiento como una herramienta de lavado de imagen o como un «chivo expiatorio» prefabricado es una estrategia destinada al fracaso en el mediano y largo plazo.

 

El espejismo de la delegación absoluta y el lavado de manos

 

Es innegable que los profesionales del cumplimiento normativo son el motor que impulsa, mantiene y mejora la cultura de respeto a las leyes dentro de una empresa. Su labor es titánica: mapear riesgos, redactar políticas, capacitar al personal y monitorear transacciones. No obstante, el error fundamental radica en confundir la gestión del riesgo con la titularidad del mismo.

Como advierte de manera muy acertada el reciente documento analítico «Límites necesarios a la responsabilidad del Compliance Officer» (en su versión sobre factores de exculpación), elaborado por el Consejo Asesor de ASCOM, poner todo el peso punitivo sobre estas posiciones orgánicas es un despropósito.

Esta maniobra desvía peligrosamente el foco de atención de quienes son los verdaderos autores de las infracciones. Es decir, las propias organizaciones como entes jurídicos y los administradores que, de manera individual, toman las decisiones de negocio. Esta dinámica tóxica facilita que los verdaderos responsables se escuden detrás del oficial de cumplimiento para diluir, mitigar o evadir por completo sus propias responsabilidades directivas.

 

Barreras estructurales: ¿Por qué fracasan los modelos de cumplimiento?

 

Para exigir resultados perfectos, primero se deben otorgar herramientas perfectas. Resulta imperativo establecer límites claros y racionales a la exposición legal de estos profesionales. El documento de ASCOM subraya con agudeza que existen múltiples factores circunstanciales, totalmente ajenos a la voluntad del trabajador, que condicionan, limitan y a veces asfixian enormemente su desempeño.

En la realidad operativa de muchas empresas en Colombia y la región, ningún modelo de prevención de delitos operará de manera correcta si la empresa carece de una estructura de gobernanza corporativa robusta. A esto se suman serias y paralizantes barreras cotidianas:

  1. Restricciones en la dotación presupuestaria: Se exige tecnología de punta y monitoreo en tiempo real, pero se aprueban presupuestos de papelería.
  2. Saturación por carga de trabajo: El mito del profesional «todero» que debe revisar cada contrato, capacitar a mil empleados y además atender auditorías, todo sin un equipo de apoyo.
  3. Aislamiento orgánico: Limitaciones estructurales para acceder directamente al órgano de gobierno y a la alta dirección, lo que le quita los «dientes» necesarios a la función de cumplimiento.

 

Culpa “in eligendo”: Cuando la negligencia viene desde arriba

 

Uno de los puntos más críticos y reveladores del debate actual sobre la responsabilidad corporativa ocurre cuando el profesional contratado carece de la experiencia, los recursos o los conocimientos técnicos necesarios para liderar un sistema complejo. En lugar de culpar únicamente al empleado por su ineficacia, la doctrina jurídica introduce el poderoso concepto de la culpa in eligendo (la culpa en la elección).

Este principio sitúa el debate exactamente dónde debe estar: sobre los hombros de quienes seleccionaron de forma negligente a ese profesional. Si una junta directiva contrata a un perfil junior, sin experiencia comprobada, simplemente para abaratar costos y «cumplir con el requisito de papel», ubicándolo en una posición inidónea para los riesgos de la compañía, la culpa no es del empleado desbordado. La evaluación de la diligencia del órgano de administración debe anteceder, por obligación lógica y legal, a cualquier análisis de la responsabilidad del encargado de cumplimiento. La gerencia no puede alegar ignorancia cuando ellos mismos diseñaron un departamento destinado a ser inoperante.

 

El peligro de la hiperresponsabilidad y la fuga de talento

 

El mercado laboral está tomando nota de estas prácticas. Generar un clima interno de aprensión, miedo constante e hiperresponsabilidad frente a este cargo no contribuye en absoluto a blindar a la empresa. Por el contrario, ahuyenta al talento verdaderamente cualificado y ralentiza el progreso del buen gobierno corporativo.

Un profesional de alto nivel no arriesgará su prestigio, su tarjeta profesional ni su libertad para unirse a una junta directiva que no le brinda apoyo y que ya tiene redactada su carta de despido (o su denuncia penal) para usarla en la próxima auditoría fallida. Antes de culpabilizar de manera aislada al departamento de ética ante cualquier irregularidad, es un deber inexcusable examinar el contexto real, los recursos provistos y la verdadera voluntad política de la organización.

 

Hacia un empoderamiento genuino

 

La verdadera protección legal de una empresa no nace de tener a un experto a quien culpar, sino de integrar la ética en cada eslabón de la cadena productiva. Las gerencias modernas deben transitar de la cultura del «lavado de manos» hacia un ecosistema de responsabilidad compartida. Esto implica otorgar independencia presupuestal, canales de reporte directos a la junta y un respaldo irrestricto cuando las decisiones éticas incomoden a las áreas comerciales.

En conclusión, el debate está abierto y es fundamental para la supervivencia corporativa. ¿Están las gerencias empoderando genuinamente a sus equipos de prevención de riesgos, o siguen buscando desesperadamente un escudo humano al cual sacrificar cuando estalla la tormenta?

Si su empresa necesita evaluar la madurez de su gobierno corporativo, delimitar responsabilidades directivas y estructurar un departamento de ética funcional y protegido, el acompañamiento experto es el primer paso.

Autor: Jhohan Sanabria De Luque – Director E Commerce de AbogadoTIC.

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